Los niños afectados sufren un peligro y una humillación constantes de los que no pueden huir. Tampoco pueden pedir ayuda, pues los autores son, casi siempre, sus familiares más cercanos que exigen mediante amenazas que no cuenten nada. Para poder superar esta situación, los afectados desarrollan un mecanismo para huir del dolor: arrancan los hechos reales de su memoria y creen que no forman parte de la situación. Este proceso sucede inconscientemente y no se puede controlar. Para poder superar el trauma continuado, los afectados se desdoblan en dos o más identidades. Cada identidad asume determinadas funciones en las diferentes situaciones y puede volver a aparecer en una situación similar.
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